Es un cenote a cielo abierto de 60 m de diámetro, con paredes
verticales de aproximadamente 15 m del nivel del acceso a la superficie
del agua y de 13 m de profundidad, que es aproximadamente el primer piso
freático en esa zona de la península de Yucatán.
En este cenote llamado sagrado, se realizaban ofrendas al dios Chaac,
señor de las lluvias, que consistían en objetos valiosos y la tradición
dice que también sacrificios humanos, generalmente de doncellas nobles,
ataviadas con ropas ceremoniales y enjoyadas. En el cenote también se
sacrificaban prisioneros de alto rango, también como ofrenda religiosa.
A principios del siglo XX un cónsul estadounidense, Edward Herbert Thompson
(1857-1935), cuya codicia fue despertada por estas referencias
tradicionales, dragó el cenote y extrajo numerosos objetos que envió a
su país vendiéndolos, principalmente al Museo Peabody de Massachusets;
este museo, después de diversas gestiones del gobierno mexicano, retornó
a México, en 1970 y en 2008, una buena cantidad de las invaluables
piezas arqueológicas.
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